El viejo esquema según el cual se aprende en la juventud un oficio que se ejerce el resto de la vida está, pues pasado. Los individuos están llamados a cambiar de profesión varias veces en su carrera, y la noción misma de oficio se convierte cada vez en más problemática. Sería mejor razonar en términos de competencias variadas de las que cada uno posee una colección singular. Las personas tiene entonces a cargo el mantener y enriquecer su colección de competencias durante toda su vida. Este enfoque vuelve a cuestionar la división clásica entre período de aprendizaje y período de trabajo (puesto que se aprende todo el tiempo), así como el oficio como modo principal de identificación económica y social de las personas. (…)
Entiendo por competencias tanto las habilidades comportamentales (saber estar) como las destrezas o los conocimientos teóricos. Cada competencia elemental es reconocida a los individuos por la obtención de un “certificado”, en función de unos procedimientos (tests, cooptación por los semejantes, siministro de pruebas, etcétera) exactamente especificado. (…)
Cada individuo tiene una imagen personal (una distribución original de certificados) en el árbol, imagen que puede consultar en todo momento. Hemos llamado a esta imagen el > de la persona, para marcar que la verdadera nobleza de hoy es conferida por la competencia. La gente obtiene así una mejor aprehensión de su situación en > de las comunidades de las que participa y puede elaborar, con conocimiento de causa, sus propias estrategias de aprendizaje. (…)
Al permitir a todos los tipos de dispositivos de aprendizaje desembocar en una cualificación, el dispositivo de los “árboles” autoriza una mejor gestión de competencias. De manera complementaria, al evaluar los signos de competencia en tiempo real, la gestión de competencias contribuye a validar la cualificación.
La escritura no ha hecho desaparecer la palabra, ha complicado y reorganizado el sistema de la comunicación y de la memoria social.
¿La fotografía ha reemplazado la pintura? No, siguen existiendo pintores en actividad. La gente continúa más que nunca visitando museos, exposiciones y galerías, compran obras de los artistas para colgarlas en sus casas. Por el contrario, es verdad que los pintores, los dibujantes, los grabadores, los escultores ya no son -como lo fueron hasta el siglo XIX- los únicos fabricantes de imágenes. Al cambiar la ecología del icono, los pintores han tenido que reinventar la pintura -del impresionismo al neoexpresionismo, pasando por la abstracción y el arte conceptual- para que ésta conquiste un lugar original, una función irreemplazable en el nuevo entorno creado por los procedimientos industriales de producción y de reproducción de imágenes.
¿Acaso el cine ha reemplazado el teatro? En absoluto. El cine es un género autónomo, con su materia propia, la historia agitada de sus reglas y códigos. Y sigue habiendo autores, actores, salas y espectadores para el teatro.
El auge de la televisión ha afectado ciertamente al cine, pero no lo ha matado. Vemos películas a través de extraños tragaluces, y cadenas de televisión participan en la producción de nuevas obras cinematográficas.
¿Deberían los intelectuales y aquellos cuya profesión es pensar abandonar toda perspectiva crítica? Absolutamente, no. Pero hay que comprender que la actitud en sí misma, simple reminiscencia o parodia de la gran crítica de los siglos XVIII y XIX, ya no es garantía de apertura cognitiva ni de progreso humano. Hay que distinguir cuidadosamente entre, por un parte, la crítica refleja, mediática, convencional, conservadora coartada de los poderes establecidos y de la pereza intelectual y, por otra parte, una crítica activa, imaginativa, orientada hacia el futuro, que acompaña el movimiento social. Toda crítica no es pensante.

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Evgeny Morozov author of "The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom" speaks at Google

Nuestras facultades de conocer trabajan con lenguas, sistemas de signos y procedimientos intelectuales provistos por una cultura. No multiplicamos de la misma manera con cuerdas de nudos, guijarros, cifras romanas, cifras árabes, ábaco, reglas de cálculo o calculadoras. Las vidrieras de las catedrales y las pantallas de televisión no nos ofrecen las mismas imágenes del mundo, no suscitan los mismos imaginarios. Ciertas representaciones no pueden sobrevivir mucho tiempo en una sociedad sin escritura (cifras, cuadros, listas) mientras que se las puede archivar fácilmente en cuanto se dispone de memorias artificiales. Para codificar sus haberes, las sociedades sin escritura han desarrollado técnicas de memoria que reposan en el ritmo, el relato, la identificación, la participación del cuerpo y la emoción colectiva. En cambio, con el ascenso de la escritura, el saber ha podido separarse parcialmente de las identidades personales o colectivas, convertirse en más crítico, apuntar a una cierta objetividad y a un alcance teórico “universal”.

(Fuente: finofilipino)

En esa época, la gente no tenía el oído acostumbrado a escuchar músicas que venían de lejanos horizontes y querían oir lo que siempre habían conocido. Cada país, incluso cada región o microrregión, tenía sus cantantes, sus canciones en su dialecto, apreciaba tonos e instrumentos específicos. Casi todos los discos de música popular eran grabados por músicos locales, para un público local. Únicamente los discos que contenían música culta de la tradición escrita occidental poseyeron desde el principio un auditorio internacional. (…)
La difusión de las grabaciones provoca en la música popular fenómenos de estandarización comparables con los de la imprenta en las lenguas. En efecto, en el siglo XV, en países como Francia, Inglaterra e Italia, existían tantos “hablares” como microrregiones rurales. Ahora bien, un libro debían apuntar a un mercado suficientemente extenso para que su impresión fuese rentable. Cómo se imprimían obras en lengua vernácula, y no solamente en latín, había que escoger ente los hablares locales para extraer “la” lengua nacional. El toscano, el dialecto de Touraine y el inglés de la corte se tranformaron en el italiano, el francés y el inglés, relegando, con ayuda de las administraciones reales, los otros hablares al rango de dialecto. En su traducción de la Biblia, Lutero amalgama diferentes dialectos germánicos y contribuye a formar “la” lengua alemana, es decir el alemán escrito.
La escritura había puesto por escrito la música de tradición oral para hacerla entrar en otro ciclo cultural. Igualmente, la grabación fija los estilos de interpretación de la música escrita, al mismo tiempo que regula su evolución. En efecto, ya no es solamente la estructura abstracta de un fragmento que puede ser transmitida y descontextualizada, sino también su actualización sonora. La grabación se encarga a su manera de archivar y clasificar históricamente unas músicas que se habían quedado en la órbita de la tradición oral (etnografía musical). Finalmente ciertos géneros musicales, como el jazz o el rock, hoy sólo existen gracia a una verdadera “tradición de grabación”.
¿Es que no es posible entrever hoy una nueva metamorfósis, una nueva complicación de la noción misma de “público”, puesto que las comunidades virtuales del ciberespacio ofrecen al debate colectivo un campo de prácticas más abierto, más participativo, más distribuido que el de los medios de comunicación clásicos? (…) Se puede, pues, sostener que las llamadas “comunidades virtules” cumplen, de hecho, una verdadera actualización (en el sentido de una puesta en contacto efectiva) de grupos humanos que sólo eran potenciales antes del acontecimiento del ciberespacio. La expresión “comunidad actual” serían en el fondo mucho más apropiada para describir los fenómenos de comunicación colectiva en el ciberespacio que el de “comunidad virtual”
Los situacionistas denunciaban el espectáculo, es decir, el tipo de relación entre los hombres cristalizado por los medios de comunicación: ciertos centros difunden mensajes a receptores aislados unos de otros y mantenidos en la incapacidad de responder. En el espectáculo, la única participación posible es imaginaria. Ahora bien, el ciberespacio propone un estilo de comunicación no mediática por construcción, puesto que es comunitario, transversal y recíproco.